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Las estaciones en los arcanos mayores

En el tarot no está marcado el tiempo de una forma precisa, por eso se nos hace necesario codificar nuestras cartas para establecer de antemano qué arcanos indicarán concepciones temporales como las estaciones. Cada taromante y escuela tienen sus propios códigos; por eso lo que comparto aquí es el que me funciona a mí, teniendo como referente el hemisferio norte en el que vivo y buscando así similitudes entre cada época y los símbolos de los diferentes arcanos.

Igualmente, esta correspondencia tiene también en cuenta un patrón numérico que equilibra el patrón de las parejas de los arcanos mayores según la clasificación decimal desarrollada por Alejandro Jodorowsky en sus diferentes tratados sobre el tarot.


Teniendo en cuenta esto, se establece que el otoño se relaciona con la carta de La Muerte, pues indica el fin y el principio. La Muerte hace referencia a los cambios, como los que llegan en septiembre, cuando empieza el nuevo curso escolar tras las vacaciones, el inicio del calendario de la Revolución Francesa, el inicio de la siembra que culminará cuando dé su fruto en verano, las hojas que se marchitan para que el árbol renueve su savia y volver a lucir con vida más adelante... Además, al arcano de La Muerte le corresponde el número 13, cuya pareja es el 3, que hace referencia a La Emperatriz.


La Muerte (XIII) es la otra cara de la vida (III), así pues, La Emperatriz es el otro equinoccio, y es la carta que corresponde para marcar la primavera. Ella es la madre tierra, el nacimiento de las plantas, los brotes verdes, la creación y el nacimiento de un potencial como el de la naturaleza cuando despierta en primavera inundando de verde y color los campos y ciudades.


Por su parte, los solsticios están representados también por una pareja, siendo El Ermitaño (IX) la carta que corresponde al invierno, esa época en la que las personas se recogen en su casa y gustan de contemplar la lluvia a través de los cristales del cálido hogar, cuando encienden la chimenea y reúne la sabiduría de antaño en torno a ella, cuando se adentra buscando el calor ante la tempestad que impera afuera, ese mal tiempo en que se busca tiempo para uno mismo... Todo ello, rasgos que se asimilan a El Ermitaño en su búsqueda solitaria e interior.

Su correspondiente, el verano, lo marca la carta más soleada de todas, como no puede ser otra que El Sol (XIX). Así, llega la luz, el calor, los espacios abiertos y el aire libre, salir a la calle, estar en contacto con los demás, compartir experiencias, disfrutar de la compañía tomando algo en una buena terraza, disfrutar como niños en la playa y comer de los frutos que los árboles han dado tras completar el ciclo de la naturaleza.


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